26.1.13

Trip to Belize City


Siempre me decían que, ir a la India te abría los ojos. Yo lo veía como algo que tenía que experimentar. ¡Quería abrir mis ojos! Pero está tan lejos… que siempre pensaba “quién sabe”. Lo que no sabía es que, al lado de mi nueva casa, en mi nueva vida, a tan sólo 7 horas en bus, estaba la otra ciudad que me haría cambiar.
Estoy hablando de mi reciente viaje a la ciudad de Belice. Ha sido una experiencia inolvidable de 3 días. Pero no os voy a engañar, no la recomiendo a nadie y no voy a volver. Y os voy a explicar el por qué clicando en LEER MÁS.


They always said that, going to India opened the eyes. I saw it as something I had to experience.I wanted to open my eyes! But it is so far away ... I always thought "who knows". What I did not know is that, next to my new home, my new life, just seven hours by bus, was the other city that would change my mind.
I'm talking about my recent trip to Belize City. It was an unforgettable experience of three days. But I'm not going to cheat, i do not recommend it to anyone and I will not return. And let me explain why clicking on READ MORE.


Agarramos el bus, dirección a Belice, a las doce de la noche, des de Playa del Carmen. La verdad es que nada que envidiar a los cientos de autobuses Madrid- Barcelona o Barcelona- Madrid en los que he tenido que viajar estos dos últimos años. A las cuatro horas, nos plantábamos en la frontera. La frontera…. Ese tema lo dejo para el final. Llegamos a Belice a las ocho de la mañana, una Coca-Cola y vemos la luz del día saliendo por la puerta de la terminal. ¿Qué hay ante mí? Mucha gente queriendo llevarnos a donde sea por 20 dólares Beliceños, basura por todos lados, un río de agua verde y colores de gasolina, arena y barro por todos lados y miradas, muchas miradas sobre nosotros. Decidimos ir caminando al hotel ya que se encontraba a 15 minutos. Un viaje en silencio observando nuestro alrededor con los ojos bien abiertos, el corazón en un puño y el estómago bien cerrado. Creo que fueron unas diez personas que se ofrecieron a indicarnos el camino a nuestra residencia temporal, con una sonrisa y, ¡atención!, sin pedir nada a cambio. De hecho, nadie pedía nada excepto los niños, siempre limpios pero descalzos sobre la basura, y las decenas de yonkis del centro de la ciudad. Nos costó mucho encontrar a otros “guiris” y, ya de regreso, Marco y Santiago, dos argentinos que conocimos en el bus de vuelta a México, nos explicaron que, donde se encuentran los forasteros como nosotros, es en un lugar llamado “la zona protegida”. Se trata de una plaza enorme, vallada y vetada a la gente de allí, donde puedes encontrar restaurantes, tiendas y seguridad. Por entonces, me arrepentí de no haber ido, ahora me alegro de no formar parte de esa gente que se va de viaje y, en vez de recorrer las calles conociendo culturas y gente local, se encierran en una “zona protegida” a comprar.

En las fotos que os regalo más abajo, no veréis miseria, tristeza o hambre. Intentamos sacar lo bueno del viaje a través de una cámara desechable que encontramos por 27 dólares beliceños. Os muestro niños acostumbrados al turismo que te dejan hacerte una foto con ellos por un dólar, los famosos puestos ambulantes de rica comida beliceña, mexicana, del Salvador,… los pintorescos autobuses y los pelícanos que parecían seguirte a todos lados. También, por otro lado, os enseño las casas, algo que me impacto muchísimo. Se caen, están destrozadas. Por lo general, están construidas con madera, es por eso que vimos varias quemadas, otras hinchadas por el agua de la lluvia y todas a punto de caer. Parecía que si soplabas en sus puertas, caían delante de ti. Pero no iba a soplar, siempre veía a niños en los porches, debajo de clavos gigantes y trozos de madera bailando.

Ahora me gustaría hablaros de la noche. No se vive. Cuando se hace de noche debes meterte en tu hotel o casa, resulta que el peligro sale a la calle cuando se pone el sol. Y si te pasa algo, llamar a la policía quizás no sea la mejor idea, ya que, hasta la gente de la ciudad te susurra “no te fíes de la policía”. Algo que nos asustó muchísimo. Es una sensación de impotencia y miedo que te persigue allá donde vayas.

Y la basura, insisto en la basura. Todas las calles están llenas de ella. Bueno, de basura y de ¡cangrejos de arena! Al principio pensábamos que eran tarántulas, pero nos comentaron que los miles de agujeros que ves por las calles son de cangrejos enormes y peludos. Por supuesto, los niños se mezclan con ellos en esos suelos sucios.

Os he dicho que hablaría de las fronteras. Resulta que no teníamos que pagar nada por entrar o por salir, pero sí, tuvimos que regalarle al chico de la aduana unos 300 pesos de ida y 37 dólares de vuelta. ¿Por qué? Porque en México funciona todo así. Algo que me cabrea y no me puede desagradar más. Pero, ¿qué íbamos a hacer? ¿Quedarnos en tierra de nadie?

Algo que hizo cerrarme en mi misma y pensar, fueron los ojos de la gente. Primero sus miradas penetrantes y, después, la cantidad de gente ciega o con enfermedades oculares de ojos amarillos en vez de blancos. Cada día me lavaba las manos varias veces y siempre salía agua negra. Si esa suciedad la tuviera siempre y me tocara los ojos tan solo una vez al día, estoy convencida de que mis ojos acabarían como los de los Beliceños.

No puedo acabar mi post sin mencionar algo bonito; la belleza de los rostros beliceños. Creo que en este viaje, he visto más gente guapa junta que en toda mi vida. Rostros perfectos, labios carnosos, pieles de un color chocolate uniforme y sonrisas blancas como la nieve. Eso es, me quedo con las sonrisas de la gente de Belice. Esas sonrisas grandes y sinceras que chocan por estar enmarcadas en un cuadro de miseria. 



We took the bus towards Belize, at twelve o'clock, from Playa del Carmen. The truth is that just as good as the hundreds of buses Madrid-Barcelona-Madrid where I had to travel the last two years. At four hours, we were planted at the border. The border .... I leave that topic for last. We arrived at Belize at eight in the morning, a Coke and see daylight coming through the door of the bus terminal. What's in front of me? Many people wanting to take you anywhere for $ 20 Belizeans, trash everywhere, a river of green water and petrol colors, sand and mud everywhere and eyes, many eyes upon us. We decided to walk to the hotel as it was 15 minutes. A silent trip watching around us with eyes wide open, the heart pounding and stomach tight. I think there were about ten people who offered to show us the way to our temporary residence, with a smile and attention!, asking nothing in return. In fact, no one asked for nothing except children, always clean but bare on the trash, and dozens of junkies downtown. We had a hard time finding other "touristy" and, when going back, Marco and Santiago, two Argentinians we met on the bus back to Mexico, explained us that, where the outsiders like us are, is in a place called "the protected area". It is a huge square, fenced and vetoed to the people of there, where you can find restaurants, shops and security. By then, I regretted not having gone, now I'm glad not to be part of those people who goes on a trip and instead of walking the streets knowing cultures and local people, are locked in a "sandbox" to buy.

In the photos below i gift you, you will not see misery, sadness or hunger. We tryed to bring good out of the trip through a disposable camera we could find by $ 27 Belizeans. I show children accustomed to tourism that let you take a picture with them for a dollar, the famous food stalls of yummy Belizean, Mexican, Salvador,food ... the colorful buses and pelicans that seem to follow you everywhere. Also, on the other hand, I show houses, something that impacted me greatly. They fall, are shattered. Usually, they are made of wood, which is why we saw several burnt, others swollen by rain water and all about to fall. It seemed that if you blow on their doors, they falling in front of you. But I was not going to blow, I always saw children on porches, under cloves and pieces of wood giant dancing.

Now I would like to tell you about the night. No lives. When it gets dark you get into your hotel or home, is that the danger goes out when the sun sets. And if something happens, call the police might not be the best idea, because until the townspeople whispers "do not trust the police." Something that scared the hell. It's a feeling of helplessness and fear that follows you wherever you go.

And trash, trash insist. All the streets are full of it. Well, trash and sand crabs! At first we thought they were tarantulas, but we noted that the thousands of holes you see on the streets are huge and hairy crab. Of course, children are mixed with them in those dirty floors.

I told you that i would speak of borders. Turns out we did not have to pay anything to enter or leave, but we had to give to the customs guy about 300 pesos round trip and $ 37 back. Why? Because everything works this way in Mexico. Something that pisses me off and I can dislike more. But what do we do? Staying on the ground?

Something that locked me in myself and make me think, were the eyes of people. First their eyes piercing and then the number of blind people with eye diseases or yellow eyes instead of white. Every day I washed my hands several times and always came out black water. If i allways had that dirt and  touched my eyes only once a day, I am convinced that my eyes would end as Belizeans.

I can not end my post without mentioning something beautiful, the beauty of the Belizean faces. I think that on this trip, I have seen more beautiful people together than in my whole life. Perfect faces, full lips, a chocolate brown uniform skin and snow white smiles. That is, I'll take the smiles of the people of Belize. Those big and sincere smiles colliding for being framed in a picture of misery.
























Photos by Miss Brunette & Carlos Ramiro


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